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Real Sociedad conquista en La Cartuja su cuarta Copa del Rey, en los penaltis (2-3) | RESUMEN y GOLES

Tras ponerse un par de veces por encima del Atlético de Madrid, tuvieron que esperar hasta los penaltis a fin de que de la mano del joven Marrero inauguren una fiesta en Donostia que se culminará este próximo lunes. La guerra deportiva en el estadio olímpico de Sevilla empezó media hora antes del arranque con el duelo de aficiones, un instante único subido a los altares por la acústica del recinto.

Con el pitido inicial desapareció la cortesía y la familiaridad. Para exhibe, el gol de la Real Sociedad a los 14 segundos de final. Guedes puso el centro al área y Barrenetxea cabeceó a la red para llevar el éxtasis al costado blanquiazul del estadio.

Desde el tanto, el Atlético se volcaría sobre la portería de Marrero y hallaría el premio del empate en el minuto 18, con el gol del empate de Lookman. Un gol que hizo vocear a la hinchada rojiblanca tal y como si fuera el oso del mosaico que extendieron en los prolegómenos.

Por delante había más de una hora de espectáculo entre dos equipos que se miraban a los ojos de igual a igual. Dos conjuntos en los que una figura de peso surgió en cada bando: Griezmann en los rojiblancos y Guedes en los blanquiazules. Ambos no solo canalizaban todas y cada una de las jugadas de ataque de los suyos, sino que también se afanaban por poner y, especialmente, tranquilizar a sus compañeros. La lengua francesa había halagado al portugués en la víspera, el luso tenía la Copa entre ceja y ceja.

El fútbol es tan particular por el hecho de que entiende muchos aspectos excitantes, pero lo que le hace único es su carácter sorpresivo. Esa capacidad de asombrar explica que un portero que viene jugando tan bien como Musso mida mal y se lleve por enfrente a Guedes en una falta colgada al área.

El Atlético, a por el gol. No le quedaba otra. La Real asimismo sabía lo que debía realizar: multiplicar la solidaridad en defensa para no cuadrar goles. Oyarzabal, el primero en contribuir a destajo. Su grada botaba solo de verle.

Con la entrada de Nico y Sorloth al campo, Simeone quería que su equipo tuviera más presencia en el área contrincante para la media hora que restaba de final. A los pocos minutos apostaría por Almada y Baena.

El último cuarto de hora fue un enfrentamiento agónico. El calor de la jornada hispalense pesaba mucho más en las piernas que en las gargantas. En esos momentos en los que el desgaste iguala a todos, los chispazos de genio resuelven. Como el de Julián Álvarez en el minuto 82. El argentino la pisó en el área, se dio la vuelta y la puso en la escuadra (min. 82). 

Era el momento de los colchoneros, la Real acusó el golpe. Baena perdonó inexplicablemente en el 84 y Sorloth acarició el gol en el 89. Aunque la más clara sería para Cardoso en el descuento, solo frente al portero la envió fuera. Nos íbamos a la prórroga.

El tiempo extra lo comenzó mejor la Real Sociedad. De no ser por Musso, Oskarsson habría bañado de café y ron a toda su afición en el 97. Dos minutos después, Julián Álvarez respondía estrellando un tiro en exactamente la misma cruceta.

Al término de la primera mitad de la prórroga, Simeone se apresuró a entrar en el campo. Iba en busca de Sorloth y dialogaron por un minuto antes que se organizara el corro de jugadores y técnicos.

En el segundo ataque, varios fueron pases en largo que buscaron al delantero noruego. Negado de cara a gol. Los colchoneros estaban mejor en lo físico. Sin embargo, el marcador no se movió y todo se decidiría desde los once metros.

Sorloth lanzó el primero y lo detuvo Marrero. El que fuera héroe de la eliminatoria de cuartos ante Osasuna (estoy en mi salsa llegó a decir aquel día) quería volver a ser decisivo. En su segunda intervención, otra parada del joven canterano, frente Julián Álvarez.

Musso mencionó que allí estaba eludiendo el gol de Oskarsson. Desde entonces ya nadie fallaría un lanzamiento. La Copa se iba para Anoeta.

TiroAlPalo